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| Ancelotti saludando a Isco |
TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN/ABC/Madrid. «Esto
lo arreglo yo». Es la frase que define las soluciones de Ancelotti para superar
las situaciones críticas del Madrid. El entrenador ha expresado esas palabras cuando
Florentino Pérez le pidió explicaciones en dos momentos importantes: el 13 de
septiembre, tras la derrota liguera en el primer derbi de la temporada (1-2) y
el reciente 9 de febrero, tras el fracaso en el segundo duelo liguero contra el
Atlético (4-0). El italiano solventó las crisis con eficacia.
En
septiembre enlazó después una racha de 22 victorias consecutivas, récord del
fútbol español, con Cristiano Ronaldo de goleador y Casillas recuperado en su
puesto con tranquilidad. Ahora ha respondido a la debacle del 4-0 del Calderón
con tres triunfos seguidos por 2-0, ante el Deportivo, el Schalke y el Elche.
En ambos casos las medidas han sido las mismas. «Les dije a los jugadores que
no saldrían de la crisis si no recuperaban la actitud para ejecutar con
sacrificio el esfuerzo de presión sin balón. E ambos caoss lo hicieron. Con
esta actifud demostrada en Elche ganaremos muchos partidos.
La
frase de Ancelotti, sí, pasará a la historia. Es lapidaria. Privada. Con ella
ha solucionado las crisis que ha vivido en el Real Madrid desde que firmó su
contrato en julio de 2013. El ya manido «esto lo arreglo yo» se lo ha dicho
cara a cara al presidente cuando le ha pedido explicaciones por la carencia de
rendimiento del equipo. Conoce la solución. Todo es cuestión de atacar los
partidos con la ambición de obtener títulos. No es fácil imponerla con tanto
desgaste acumulado, físico y sobre todo mental. Y se lo dice a la plantilla
como advertencia de la importancia que tiene perder dos o tres puntos por
relajación o exceso de confianza. «Tenemos calidad y si inyectamos un ritmo
alto a los partidos es más fácil hacer valer tu superioridad técnica».
Acaba
de solventar la última situación complicada, nacida tras la debacle liguera del
Calderón. El 4-0 puso en duda su ascendente en el equipo. Ha sido su momento
más difícil. El italiano, la verdad, estaba decepcionado. No admitía que sus
futbolistas deambularan por el césped con tan poca actitud. Habían roto los
códigos internos. Por eso les criticó con dureza tras el derbi. El
enfrentamiento dialéctico tuvo la reacción esperada. Tres victorias
consecutivas. Seis goles a favor y ninguno en contra. «Ahora, el equipo
defiende unido, todos juntos y más cerca unos de otros, para que no se parta en
dos. Con esta actitud ganaremos muchas veces».
La
revolución la declararon los propios futbolistas del Madrid el 9 de febrero,
dos días después del 4-0, tras escuchar a Florentino Pérez en Valdebebas.
Sabían que para levantar trofeos no podían jugar a un ritmo tan bajo.
Reconocían que Ancelotti tenía razón. «O reaccionamos o no conseguiremos nada y
esto se acabó». Dieron un paso al frente.
El
máximo responsable del equipo advirtió a sus hombres que para obtener títulos
deben sacrificarse en la presión destructiva los tres centrocampistas y Gareth
Bale. «Sin ese esfuerzo no se ganarán copas». Sus pupilos se han vuelto a poner
firmes.
Esta
vez el italiano se ha mostrado más duro con sus jugadores. No le gustó cómo
bajaron los brazos en el 4-0 del Calderón. Nunca lo pudo esperar. Por eso les
criticó públicamente ante la prensa. Y se lo dijo a los profesionales al final
del encuentro. Les quiso dar un escarmiento. No les traicionó. Les avisó.
Cristiano, Casillas, Benzema y Carvajal dieron la cara y encajaron el golpe.
Nunca debió suceder ese desastre. Reconocieron que faltó actitud.
Normalmente,
el entrenador no pone a los futbolistas a los pies de los caballos. Les
defiende en público y echa las broncas en privado. Luego dialoga
particularmente con cada hombre y le hace entender lo que debe mejorar para
entrar en el once. «Se ve que ha sido jugador, comprende por la situación que
pasas», explican varios suplentes.
Mantiene
una máxima que la plantilla conoce: «Los que juegan deben estar frescos,
recuperados del partido anterior. Si las pruebas no demuestran eso, introduce
cambios. Nada de rendir a medio gas».
Su
ductilidad para acoplar a los futbolistas en su alineación es una capacidad
extraña. «Hace un año convirtió a Di María en medio izquierda y ahora ha
transformado a Kroos, Isco y Modric en medios centro», manifiestan los profesionales
del club. «Y rinden bien», espetan. Lo consigue gracias a su secreto. «Habla a
los jugadores como lo que fue, otro jugador, pero les convence como
entrenador».

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