Por: Máximo
Blanco
Es
harto conocido que la estrategia del
gobierno está montada sobre la división, la confrontación, la violencia y la
polarización, recurso que sirven al totalitarismo. Y la oposición
evidentemente, no debe reforzar esta conducta. Ella tiene que trabajar en la
ruta de la unidad, la reconciliación, la paz y la despolarización, componentes
esenciales para la convivencia democrática. Por lo que, frente a la
polarización que levanta el régimen, es obvio que la vía correcta es despolarizar. Lo cual no puede significar
dividir a la oposición, creando una tercera vía o conformando polos diferentes.
El camino hacia la despolarización debe comenzar por concientizar al pueblo
opositor de que los oficialista no son sus enemigos. Y esto supone comunicarse
democráticamente con el pueblo afecto al régimen. Esa relación debe buscarse
respetando sus opiniones; sin insultos y comprendiendo que el diálogo es para
persuadir y no para imponer las ideas opositoras. El esfuerzo es para proponer
una sociedad donde reine la diversidad de pensamiento, la paz y se sienta que
Venezuela somos todos. En fin, despolarizar significa trabajar para un país sin
odios; a objeto de crear un clima de tolerancia que permita a la oposición
dialogar normalmente, con el gobierno y con el pueblo oficialista.
Otra línea que puede ayudar a despolarizar es que la oposición promueva y respete la autonomía de los
diversos sectores de la sociedad civil. Las organizaciones de los trabajadores,
Fedecamaras, el movimiento estudiantil,
los colegios profesionales, los gremios de
productores, los sindicatos de educadores y otras organizaciones no
gubernamentales no deben integrar la MUD, como proponen algunos dirigentes de
la oposición, pues con ese paso perderían su
perfil gremial, y su rol fundamental de defender los intereses de sus
asociados se vería afectado. Despolarizar es respetar los espacios que le
corresponden a cada quien. Como consecuencia del planteamiento anterior, la MUD
debe favorecer la consolidación e
independencia de estas organizaciones para que ellas ayuden a la población a
movilizarse, desde diferentes frentes; impidiendo al gobierno que concentre sus
ataques hacia un solo foco. Y esta situación de diversificación de los centros
de luchas, manteniendo el necesario diálogo con
ellos, sin duda que ayudaría a la difícil tarea de la despolarización.
Hoy, la mayoría de los líderes de la oposición convocan a la
despolarización. Entre ellos, el nuevo secretario ejecutivo de la mesa, quien
ha expresado que se acabó la época de la polarización, y que la tarea esencial,
ahora, es la de encontrarnos con el pueblo chavista. Pero es obvio, que ese
propósito hay que lograrlo conservando la unidad, pues dividir a la oposición
significa otorgarle amplias ventajas al oficialismo. Hecho confirmado en las recientes elecciones
de Bolivia. En consecuencia -repetimos una vez más-, la ruta para encontrarnos
con los sectores descontentos del pueblo oficialista, a objeto de construir la
mayoría necesaria para el cambio, es a través de la reconciliación, el dialogo
y la despolarización, pero manteniendo en alto el esfuerzo unitario, porque
como bien lo afirma el ex alcalde de Barquisimeto, Macario González, la unidad
suma fuerzas y votos, y garantiza futuro con gobernabilidad, para que los
venezolanos tengan confianza en que el cambio
que proponemos no es un “salto al vacío”.

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