En Latinoamérica lo que ha existido
es un disfraz de izquierda y un esnobismo en los intelectuales y sectores de
clase media con pretensiones pequeñoburguesas, motivados principalmente por
razones emocionales y no por convencimiento. Debido a eso es que al solo oler
el poder sufren una inflexión y abandonan la ilusión de cambiar lo viejo por lo
nuevo, cayendo en lo mismo del pasado, siendo más de lo mismo o aún peor de lo
que había antes.
En la revolución francesa de 1789
los jacobinos, partidarios de un sistema republicano, se ubicaron a la izquierda de la Asamblea
Constituyente, no por eso se les puede
denominar socialistas, solamente querían nuevas relaciones de producción no
feudales, y sus consignas políticas era la igualdad,
fraternidad, solidaridad y en lo económico el liberalismo, mientras que los girondinos o la nobleza,
partidarios de que se mantuviera la monarquía, se ubicaron a la derecha. Los
primeros, partidarios de los nuevo, de una República, los segundos, deseaban
mantener lo viejo, el régimen
monárquico.
Ser de izquierda es querer suplantar lo viejo
por lo nuevo, monarquía por República, dictadura por democracia, y democracia
por más y mejor democracia. Todos los
cambios de gobierno en Venezuela han mantenido la supremacía de una clase
social por encima de las demás, y han incrementado las abismales y crecientes
desigualdades sociales, hambre, pobreza, miseria y corrupción. Ninguno de ellos
ha erradicado estos males sociales. Por tales razones, es un absurdo pensar a
estas alturas que “la izquierda se despide”, si aquí no ha existido una izquierda
real.
Es cierto que el humanismo cristiano
es lo que ha hecho falta en los políticos tradicionales tanto de la derecha
como de la falsa izquierda. Pero aún los más cercanos a esta propuesta que son
los creadores de la Teología de la Liberación, han podido romper con el
predominio de los políticos corruptos. Es necesario un
método propuesto a los pobres que les permita su participación en los asuntos
políticos y públicos para transformar la sociedad y eliminar las injusticias e iniquidades
en la vida terrenal. Mientras tanto, se deja a sus anchas a los políticos
tradicionales corruptos e ineptos el privilegio y el monopolio de conducir el
Estado. Ni en la derecha de la MUD, ni en la falsa izquierda del PSUV y sus
aliados hay la voluntad de revertir esta realidad.
A eso se agrega que los sectores
políticos que son realmente de pensamiento transformador, están atomizados en
el país. Es por eso que ante un eventual revocatorio de Nicolás Maduro, un
recorte a su mandato presidencial, una Asamblea Constituyente o reforma
constitucional y el llamado a elecciones generales, no favorece al pueblo
porque no hay hasta el momento otra alternativa que se oponga a ambos bloques
de la derecha de la MUD y PSUV. Es urgente la organización de estos sectores
cristianos y los sectores políticos honestos del país para que a su vez
organicen al pueblo para futuras contingencias políticas en el país.
ALIRIO GIL, MIEMBRO DE LA CORRIENTE POLÍTICA
“FABRICIO OJEDA”. TRUJILLO, 27 DE MARZO DE 2016.

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