El Madrid demostró en Roma su superioridad. Gran partido del portugués, líder del equipo y autor del primer gol. Jesé marcó el segundo
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| Los madrilistas celebrando a lo grande |
ESPECIAL. El Madrid dejó la eliminatoria resuelta en el Olímpico y sobre el desempeño del equipo hay que situar a Cristiano, que hizo un partido superior. Fue al inicio del juego, corrió la banda y resolvió con un golazo. Algo de razón tiene su reproche: ha metido casi la mitad de sus goles europeos en rondas eliminatorias, por ejemplo.
La frustración -no dicha- de soportar a Messi se manifiesta así, callando a Cristiano. Como si él tuviera la culpa.
Spalletti salió con algo parecido a un 4-3-3 con Perotti de falso nueve. Renunciaba al clásico delantero -una figura ya un poco nostálgica- a cambio de superioridad en el centro del campo y la velocidad de Salah y El Shaarawy, improbables dagas romanas (así murió Julio César). Zidane, sin sorpresas, optaba por el once habitual.
Spalletti, que es un poco Sacchi y otro poco el protagonista de los anuncios de café capuchino del “quando arrivo a casa”, con esa perilla que sólo un italiano puede llevar con propiedad, logró su objetivo: una cierta superioridad en el medio, casi un 4-5-1. Era redecorar el salón llenándolo de sillas. En la transición del Madrid iba a haber una obstrucción, como cuando a la serpiente se le queda atravesado el mamífero a mitad de deglución.
Eso lo equilibró muy bien Cristiano, que bajó hasta el centro del campo para recoger la pelota. Estuvo activo, participativo en la construcción, distefanesco si sirve la expresión. Se puso con unción una camiseta retro. El Madrid avanzaba por esa banda suya y de Marcelo, y la Roma oponía el remoto peligro de Salah, que corría de un modo admirable, previo al atletismo, pero lejísimos del área.
La Roma tuvo la pelota del 10' al 15'. La presión del Madrid, su ser-sin-balón parecía aún débil, poco serio.
Pero no duró mucho; la Roma no es gran cosa: el ardor indonesio de Nainggolan, la velocidad de Salah y el temblor rotuliano de sus defensas, que el Madrid empezó a aprovechar con mejor presión.
A la altura del 25', se hizo con la pelota. Comenzó ese conato de toque suyo, que es algo que se le va formando desde atrás como el balbuceo del niño que intenta el idioma. Un toque lejano, de póliza, como actuarial, pero que fue suficiente para cansar a la Roma, que se tiró un buen rato sin la pelota. En esos minutos se produjo el clímax madridista. La anunciación. Primero, una combinación que Marcelo quiso acabar en un extraño tacón de filigrana; después, una cuchara de Cristiano para la volea perfilada del lateral. Entre risas recuperaban la posición.
Era un resumen del Madrid: un toque diligente atrás, y arriba el espontáneo chisporroteo del talento.
No participó mucho Benzema, tampoco James, pero Kroos estuvo brillante con unos primeros pases que además de ser seguros casi siempre avanzaron, rompieron una línea.
En ese lucimiento suyo se puede ver el inicio de un toque madridista, zidanesco, que empieza ya a funcionar en lo que tiene de arma defensiva, de control del juego.
A final de la primera parte, Ramos había aprendido a taparle el camino a Salah;Varane, suave y explosivo, cortó a El Shaarawy en el 44', cuando se iba directo hacia Keylor.
El Madrid se iba al descanso con la posición cogida.
La segunda se inició con la sensación de que lo mejor que podía sacar la Roma -así se celebraba- era un córner. Ramos le hacía a Salah continuos controles de carretera.
Pero el 0-0 no era un resultado tan bueno, y los cambios, cualquier cambio, mejoraría a la Roma. Cuando el Madrid daba ya esa sensación del “fuera de casa”, de juego pesado, grávido, alargado y como a otras atmósferas, y ya sólo se le intuía peligro por la banda izquierda, llegó el gol de Cristiano. Cuando Marcelo le buscó en el 56' ya estaba corriendo. Luego hizo lo mismo que ante el Athletic: recorte rápido en carrera y tiro al palo largo. Una jugada que puede patentar. Jugar por los dos lados sin dejar de ser frontal.
El gol abrió el partido, el Olímpico, y coronó un partido importante de Cristiano, metódico en el liderazgo.
La Roma acusó el gol y el Madrid la tuvo aún con más alegría. Entró Dzeko, puro nueve, a descolgar otro fútbol, cualquier fútbol, y en el Madrid Kovacic por Isco, lo que adensaría el juego.
Pero vinieron unos minutos de demasiada longitud en el Madrid. Perdió algo de control y la Roma empujó por las bandas. Vainqueur tuvo una buena ocasión.
El Madrid, y no es casual, decidió salir del apuro tocándola mucho. Una larga sucesión de pases acabó en desborde de Kovacic, pase de James y posible penalti a Cristiano.
La Roma entonces se resumió: Dzeko arriba y tres centrales. Tenía algo de apuesta porque el fútbol iba de área a área
Cuando Cristian y Benzema ya parecían cansados para eso, fue Jesé el que sentenció con un gol de pasmosa verticalidad
Aún salió Totti, pero ya a los solos efectos de acreditar que ese equipo era la Roma y aquello seguía siendo Italia.
Ficha del Roma-Real Madrid
0. Roma: Szczesny; Florenzi (Totti, m. 87), Manolas, Rudiger, Marcelo; Vainqueur (De Rossi, m. 77), Pjanic, Nainggolan; Perotti; El Shaarawy (Dzeko, m. 64), Salah.
2. Real Madrid: Navas; Carvajal, Ramos, Varane, Marcelo; Kroos, Modric, Isco (Kovacic, m. 64); James (Jesé, m. 82), Cristiano Ronaldo (Casemiro, m. 89), Benzema.
Goles: 0-1, m.57: Cristiano Ronaldo. 0-2, m.86: Jesé.
Árbitro: Pavel Kralovec (CZE). Mostró cartulina amarilla a Raphael Varane (m. 62) y Sergio Ramos (m. 85).
Incidencias: Partido correspondiente a la ida de los octavos de final de Liga Campeones jugado en el Estadio Olímpico de Roma ante cerca de 55.000 espectadores.


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