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| Ya investido como presidente de la Generalitat |
ESPECIAL. Ocultando el retrato del Rey Don Felipe tras una telón negro -al igual que sucedió en 2012 en la toma de posesión de Artur Mas con la efigie de Don Juan Carlos-, el hasta ayer alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, ha tomado posesión esta tarde del cargo de presidente de la Generalitat, una responsabilidad que comienza con un nuevo desafío al Estado, al prometer el cargo sin aludir a la promesa o juramento de «fidelidad al Rey, a la Constitución, al Estatuto de Autonomía de Cataluña» que es preceptiva.
Tanto o más que en el contenido del discurso del exalcalde de Gerona -previsiblemente exaltado, ortodoxo en lo soberanista- había interés en conocer los aspectos más formales de la toma de posesión, desde la fórmula o coletilla que emplearía Puigdemont para aceptar el cargo, a aspectos relativos a la decoración.
En este sentido, en 2012, Mas tomó posesión después de que los servicios de protocolo de la Generalitat escondiesen el retrato del Rey Juan Carlos tras una cortina negra, decoración que desde entonces se ha mantenido en el Saló de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Como era previsible, el telón no se ha descorrido esta tarde.
La fórmula de juramento o promesa tampoco ha sido la legal, en tanto se ha obviado la promesa o juramento de fidelidad a la Constitución y al Rey.



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