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| Euclides Tsakalotos |
ESPECIAL. El
cambio más sustancial en la posición griega ha sido el nombre del ministro de
Economía. El sulfúrico Yanis Varufakis ha dado paso a Euclides Tsakalotos, un
economista de 55 años al que se presupone un mayor anclaje -al menos en los
modos- con la corriente general de sus colegas en el Eurogrupo. El finlandés,
Alexander Stubb, dijo a la salida de la reunión de ayer en la que se estrenaba
el nuevo representante heleno que al menos la atmósfera había sido «buena» y
que Tsakalotos le parecía «un hombre muy educado», lo que seguramente era una
manera de recalcar que su predecesor no lo era.
Algunos
de los ministros llegaron a llevarse bien en lo personal con el ahora dimitido.
Entre otros el español Luis de Guindos, que siempre dijo que no tuvo ningún
problema con Varufakis, a pesar de que este le acusó varias veces de conspirar
contra Grecia. Según Stub, Tsakalotos se comportó ayer de forma «profesional» y
digna e hizo «un retrato muy preciso de la situación de la economía griega».
Mientras
su dimisionario antecesor ha desaparecido en moto (con su esposa de pasajera
sin casco, como reflejo de la peculiar relación que mantienen los griegos con
las reglas), a Tsakalotos le queda la misión de reconstruir como pueda la
confianza rota en los últimos cinco meses. En su mensaje de despedida,
Varufakis dijo que se llevaba consigo «el odio de sus detractores», así que su
sustituto se ha encontrado su asiento en la sala de reuniones limpio de
agravios y de rencores.
Nacido
en Holanda y educado en Gran Bretaña, este profesor de Economía forma parte del
núcleo duro de Syriza y, desde el punto de vista ideológico, es difícil
situarlo en una posición muy distinta de la de Varufakis. Mientras el
irreverente que llamaba terroristas a sus interlocutores se prepara ahora para
seguir construyendo su propia leyenda de rebelde sin causa, Tsakalotos se tiene
que encargar de recomponer los muebles rotos, sin cambiar lo esencial de la
posición del gobierno populista. El tono ha sido más cordial en este primer
Eurogrupo en el que participaba, pero tampoco ha sido una balsa de aceite. El
belga Johan Van Overtveldt dijo que se había sentido incómodo «en una sala
donde había 18 ministros conscientes de la gravedad de la situación y uno que
no parece darse cuenta».



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