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| Dilma celebra su segundo triunfo presidencial |
La candidata del PT es elegida para un segundo mandato. Los resultados han estado muy ajustados, Aécio Neves se queda con el 48,37%
ESPECIAL. Dilma Rousseff, de 66 años, del Partido de
los Trabajadores (PT), exguerrillera contra la dictadura en su juventud,
eficiente ministra de Minas y Energía con Lula y presidenta de la séptima
economía del mundo en los últimos cuatro años, gobernará Brasil otros
cuatrienio a partir del 1 de enero de 2015. Ha ganado por un ajustadísimo
margen, apenas por tres millones de votos en un país en el que tenían derecho
de sufragio 146 millones de ciudadanos.
Fue necesario, pues, recontar casi hasta la
última papeleta para asegurar el resultado y dar la noticia. Con el 100% de los
votos escrutados, Rousseff obtuvo el 51,64% contra el 48,36% sumado por su
oponente, el liberal Aécio Neves, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña
(PSDB). Esos poco más de tres puntos son la diferencia más corta registrada en
unas elecciones presidenciales desde el final de la dictadura en Brasil, en
1985.
Como se preveía, los más pobres y atrasados
Estados del Norte y del Nordeste, como Bahía o Pernambuco, votaron en bloque a
Rousseff. Los Estados del sur, más ricos e industrializados, con una población
con más recursos, como el más poblado de São Paulo, prefirieron a Neves. Para
Rousseff fue el Estado clave de Minas Gerais, en el centro del mapa, cuna de
ambos y donde Neves ejerció como gobernador durante ocho años. Con este
triunfo, el PT, verdadera máquina electoral y la mayor formación con estructura
de partido político de Brasil, estará en el poder en el país, al menos, 16 años
seguidos: ocho con Lula, desde 2002 a 2010, y otros tantos con Rousseff, de
2010 a 2018.
A las nueve y media de la noche, 90 minutos
después después de proclamarse el triunfo, Rousseff compareció en público en
Brasilia junto a Lula, en medio de los gritos de sus simpatizantes. Lo primero
que hizo la presidenta fue agradecer la ayuda y el apoyo del popular
expresidente. Después, consciente de que el resultado ha sido muy ajustado y
que, de hecho, refleja una suerte de partición del país, añadió: “No creo que
esto responda a una división de Brasil, sino a que las emociones han salido, a
veces de forma contradictoria, con un solo objetivo: buscar lo mejor para el
país”. Y añadió: “Quiero ser una presidenta mejor de lo que he sido hasta
ahora”. Conciliadora, prometió cambios y reformas y un plebiscito para encauzar
la reforma política exigida por buena parte de la población. “Vamos a construir
un Brasil más productivo y más moderno, pero también más solidario y que cuide
a las personas, especialmente a las mujeres, a los negros y a los jóvenes”,
sostuvo.
Poco antes, el propio Neves había comparecido
públicamente para felicitar a la mandataria reelegida. “Dejo esta campaña con
el sentimiento de que cumplí mi papel. He felicitado a la presidenta reelecta,
le he deseado éxito y le he resaltado que la mayor de sus prioridades es ahora
la de unir al país”, apuntó.
Ha sido la elección más disputada de la
historia democrática de Brasil. Más incluso que la celebrada en 1989, cuando
Lula pugnó por la presidencia frente a Fernando Collor de Melo, que al final
venció. Las encuestas ya lo anunciaban y los dos candidatos llegaron ayer a la
recta final con claras opciones de convertirse en el próximo presidente.
La campaña para el segundo turno, que comenzó
el 6 de octubre, después de que la ambientalista Marina Silva quedase
eliminada, se caracterizó por lo ajustado de los resultados que arrojaban los
sondeos, lo que acarreó una polarización extrema de la sociedad que ha quedado
reflejada en el resultado final.
Jamás como en esta campaña los brasileños han
tomado partido tanto a un lado como a otro. Lo ha hecho la gente de la calle y
no era nada raro escuchar conversaciones políticas en todas las esquinas de
todas las ciudades. De hecho, el último debate televisado, celebrado el
viernes, contó con una audiencia parecida a la que tienen en Brasil sus famosas
telenovelas. También han levantado el dedo sus escritores, sus artistas o sus
futbolistas. Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil, entre otros,
hicieron público su apoyo a Roussseff. Los delanteros Neymar y Ronaldo, así
como el último escritor en entrar en la Academia Brasileña de las Letras,
Ferreira Gullar, seguían a Neves.
De ahí que las primeras palabras, tanto de
Rousseff como de Neves, estuvieran encaminadas a tratar de reparar esta grieta.
Muchos analistas políticos alertaban de un Brasil dividido, partido
aparentemente en dos, donde los seguidores de un partido y otro se han enredado
en discusiones fuertes e, incluso, en conatos de enfrentamiento en la calle.
Añadían que la primera tarea del ganador deberá ser empeñarse en una suerte de
reconciliación nacional para cerrar la herida abierta durante las tres semanas
vertiginosas de una dura campaña. El primer discurso de Rousseff, pronunciado
muy poco después de saber que será presidenta cuatro años más, apuntó en esa
dirección unificadora.


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