Por Génesis Martínez y Lucía Mora (ESC Unerg)
Cuando se dice que alguien tiene Alzheimer, se nos viene a la mente la imagen de esa persona en su etapa final (postrado en una cama, que apenas pueda comer, o preguntándose: ¿dónde está?, ¿quién es? o ¿con quién está?, totalmente ido). Pero lo que muchos no saben que para que una persona llegue a esa etapa tiene que pasar, cinco, diez o hasta quince años.
Carmen es una de los 126.328 mil venezolanos (1*) que padecen esta enfermedad que condiciona el proceso cognitivos que permite al ser humano conocer el mundo, desafortunadamente el Alzheimer no tiene cura, el cerebro se va apagando de manera lenta y gradual. La persona pierde la memoria de corto plazo; luego, la capacidad de ubicarse en el tiempo y en el espacio; después, las capacidades intelectuales se le deterioran poco a poco; posteriormente se le atrofiaría la parte del cerebro que permite la movilidad física y, finalmente, no podrán comer, pues los centros neuronales que van asociados a la deglución se verán afectados. Pero antes de que llegue ese momento, tienen que pasar, cinco, diez o hasta quince años.
La enfermedad pide a gritos que se tome en cuenta, porque en vez de reducirse a unos pocos van aumentando mientras más edad se tenga, y si se nota que la esperanza de vida crece en el país su aumento será cada vez mayor. En el censo realizado en 2011, existían 126.328 mil personas de la tercera edad con Alzheimer, para el 2030 se duplicará y para el 2050 se triplicará; el impacto irá aumentando a medida que la década vaya avanzando.
Un paso al frente
Carmen lo comenzó a detectar hace tres años, cuando le costaba hacer las tareas de su día a día. “Mi estilo de vida me exigía… me exige… me exigía… estar siempre pendiente de todo, entonces yo… se me olvida dónde coloco las cosas, de manera tal que no llego a recordar nunca dónde fue que las dejé. No sabía por qué no me podía acordar de algunas cosas. Aunque llegué a escuchar sobre el Alzheimer, nunca imaginé que yo terminaría padeciéndolo” –lo dice con lágrimas en sus ojos-.
Carmen Méndez tiene 60 años. Mantiene un aspecto de una mujer que se preocupa por conservarse y cuidarse muy bien, más allá de los quehaceres del hogar, su desempeño como esposa, madre, abuela, hermana y como hija. Se puede observar que trata de no dejar ningún truquito para lograrlo. Así mantiene una buena apariencia y lleva una buena salud, aunque no se pueda decir lo mismo de su memoria. Carmen fue diagnosticada de Alzheimer en 2011, es una paciente con esta patología cerebral: problemas con la memoria, la razón, el comportamiento y las emociones; cuyas características no forman parte de un envejecimiento normal.
Carmen decide ir al médico cuando sentía que sus “olvidos” eran más seguidos, “Mi psicólogo me recomendó un excelente neurólogo en Caracas, el doctor… ehh, cómo se llama… ah, el doctor…Isaac ¡ay cuál es su apellido! por ejemplo, ahorita no me acuerdo su apellido” (Isaac Méndez). Este es un síntoma presente en la debilidad de la memoria. “Tengo días buenos y días muy malos. Hay días que hago todas las cosas e incluso me pongo a escribir poemas, ayudar a mi maría con la tarea de la escuela, pero tengo días donde se me olvida si he comido, si me he bañado o el nombre de mi esposo, entonces me enojo conmigo misma porque cómo es posible que se me olviden los nombres y apellidos de las personas con las que he pasado todo mi vida”
Todo a tiempo
Si se obtiene un diagnóstico temprano permite a la familia prepararse para enfrentarse a lo que va a venir; sobre la razón, el comportamiento, las emociones, la pérdida de memoria, las dificultades para encontrar las palabras adecuadas o comprender lo que están hablando otros, dificultades para hacer las tareas de rutinas habituales, los cambios de humor y personalidad.
No sólo es el paciente.
Hay que tomar conciencia sobre esta alarmante enfermedad, es claro que hacerse cargo es caro, pero es más caro no hacerse caro. Estos pacientes llenan las salas de emergencias y los consultorios, lo cual genera gastos. Hay que tener en cuenta que sus cuidadores también son seres humanos, por lo tanto, se deprimen, se enferman, se frustran y una parte de ellos disminuye de manera significativa su actividad laboral, lo que genera un gasto mayor, si esto ahora impacta al país, en el fututo aumentara su impacto. Por esto, no sólo debemos dejarle el trabajo a una sólo persona, el peso tiene que ser entre toda la familia del paciente, por supuesto, apoyados por un profesional.
Hay infinidades de cosas que se puede hacer para mejorar la calidad de vida y disminuir el sufrimiento de los pacientes y sus familias, como: educar, apoyar psicológicamente a los cuidadores, enseñarles cómo deben manejar los trastornos de conductas, etc. Los profesionales recomiendan a los familiares acompañar al paciente hasta su muerte. Que cuando la medicina ya no tiene nada que ofrecer, no anden desesperados de médico en médico. Sino que prefieran estar con su familiar en sus últimos días.
Carmen, la profesora de artes, prefiere no imaginarse su final. “Aún no tengo un plan. Sé que estoy amenazada y no me queda nada más que estar dispuesta a lo que venga, o a lo que viene, o a lo que es”.
Para entenderte Alzheimer.
1. ¿Qué es el Alzheimer?
“El Alzheimer es un tipo de demencia, un síndrome que afecta a los procesos cognoscitivos como la memoria, el lenguaje y la orientación espacial y temporal, es decir, los procesos que permiten al ser humano conocer el mundo”. Así lo explica Gilberto Aldana, Psicólogo de la Salud.
2. ¿Cómo se detecta?
“El Alzheimer es una patología que no se detecta pero que se puede observar a través de síntomas como la falta de memoria. De ahí proviene la necesidad de llevar a un neurólogo o psicólogo a quienes padecen falta de memoria, para que detecte si los olvidos son normales o patológicos. La prevención es necesaria para la detección temprana”. Agregó Aldana.
3. ¿Qué tiempo de vida me queda si tengo Alzheimer?
Las personas que padecen del Alzheimer viven un promedio de ocho años después de que sus síntomas hayan empezado a ser notados por otras personas, pero la expectativa de vida varía de solamente 3 a unos 20 años, dependiendo de la edad y otras condiciones de salud del individuo
4. No te confíes por la edad.
A partir de los 55 años, las personas no sólo se deben someter a chequeos médicos a nivel cardiovascular, oftalmológico o ginecológico sino neurológico y psicológico. Al respecto, la Fundación Alzheimer en Venezuela ha reconocido que la edad es uno de los factores de riesgo más importantes, pero también influye la genética.
5. No se predice pero sí se previene.
Un estilo de vida sano y una buena calidad de vida previenen enfermedades cardiovasculares, también pueden prevenir de un posible Alzheimer. El mecanismo biológico no está claro, pero existen estudios que así lo aseguran. Ello, porque el estrés y la mala alimentación pueden desencadenar un deterioro degenerativo y lesiones cerebrales.


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