![]() |
| Jorge Arreaza, Nicolás Maduro y Cilia Flores |
![]() |
| René González y Maduro sostienen un cuadro de Chávez / EFE |
La Colección Bicentenario, una serie de libros escolares que el Estado reparte en las escuelas públicas, reinventa el modo en que niños y jóvenes estudian la historia reciente del país
ALFREDO
MEZA/EL PAÍS. En
la contraportada está el manchón con los nombres que dieron vida a la Colección
Bicentenario, los libros de texto que el Gobierno de Venezuela entrega de forma
gratuita en las escuelas públicas. Arriba y a la izquierda el comandante
supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías. A continuación su
delfín y actual presidente de la República, Nicolás Maduro. Luego vienen los
nombres de la ministra de Educación, de los viceministros y los encargados de
proponer una lectura acorde con la cosmovisión chavista de la historia
republicana de Venezuela. Esa donde la llamada revolución bolivariana rescata
la obra de los padres fundadores después de los intentos de continuar con el
proyecto independentista libertador Simón Bolívar.
En
el libro Historia de Venezuela Contemporánea, una asignatura que se imparte en
el cuarto año de bachillerato (el penúltimo año de la escuela secundaria), se
lee en el primer capítulo de la primera unidad lo siguiente: “Cuando entramos a
la segunda mitad del siglo XIX ya podemos ir hablando de una contemporaneidad
venezolana, cuyas raíces las hemos encontrado en un estilo americano que
llegaba de Estados Unidos de América desde 1824. Avanzamos este dato para que
el lector esté pendiente de su reaparición más adelante en el marco de las
relaciones comerciales de Venezuela con el exterior”.
Esa
sentencia marca el tono del texto de 272 páginas, publicado por primera vez en
2011 y reeditado por tercera vez en 2013. Este libro es uno de los 70
encargados a los autores de la Colección Bicentenario, que abarcan desde la
educación inicial hasta el último año de educación media. No solo Estados
Unidos, al que en la página 169 se le compara con el III Reich, se convierte en
la gran bestia negra que impidió la consolidación de una república libre. Los
gobiernos anteriores al chavismo –el período de 40 años transcurrido entre
1958, cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y la victoria de Hugo
Chávez, en 1998- son a lo largo de la obra los principales responsables de la
tragedia nacional, contenida apenas por la aparición del comandante Chávez.
Construida
a base de manipulaciones históricas, de protagonistas desconocidos, la
relectura de la historia que propone el Gobierno en las escuelas del Estado
promueve la adoración del líder y la satanización de todo aquello que no
comulgue con sus intereses. “Una primera observación es que los libros no están
adecuados ni al programa del año 1997 de Educación Básica ni al currículum
llamado bolivariano. En muchas oportunidades, las lecturas, los ejercicios o
los ejemplos son manipulaciones para ensalzar al actual régimen o para hacer
culto a la personalidad”, afirmó el profesor Mariano Herrera, coordinador del
área de Educación de la Mesa de la Unidad, en un artículo publicado por el
diario Tal Cual en octubre.
La
observación de Herrera recoge una preocupación de padres y representantes que
no comulgan con las interpretaciones del chavismo: la inminente reforma del
Currículo Nacional Bolivariano propuesta por el Ministerio de Educación en
noviembre, pero cuyo contenido aún es un misterio.
Del
Gobierno de Rómulo Betancourt (1959-1964) se ha elegido contar como hecho
principal la represión a la izquierda que eligió el camino de la lucha armada
inspirada en el ejemplo castrista y algunas de sus causas: la traición que
según esa cosmovisión significó la firma del Pacto de Punto Fijo –el acuerdo
mediante el cual los partidos políticos Acción Democrática, Unión Republicana
Democrática y socialcristiano Copei acordaron la estabilidad democrática
participando en el gabinete del gobierno elegido en 1959, un pacto que dejó por
fuera a un aliado en la lucha contra la dictadura como el Partido Comunista de
Venezuela-, el apoyo de Venezuela a la expulsión de Cuba de la Organización de
Estados Americanos en 1960 y las fricciones internas que esa decisión ocasionó
en la coalición de Gobierno. “Desde el año 1959, cuando se producen
manifestaciones en Ciudad Bolívar, con saldo de muertos y heridos, Betancourt
había dado órdenes de ‘disparar primero y averiguar después’ contra cualquier
intento de ‘desorden público’ contra la ‘democracia”.
Las
comillas en la palabra democracia tienden un puente con las dudas que en vida
expresaba Chávez sobre el carácter del proceso iniciado en 1958: una época
según la cual se traicionó el espíritu unitario de la revuelta cívico-militar
que culminó con el derrocamiento del último dictador del siglo XX, Marcos Pérez
Jiménez. Todo el libro en realidad es un amplio ajuste de cuentas con los
gobiernos de lo que el chavismo ha bautizado como “democracia representativa”.
En sintonía con lo anterior, del período de Raúl Leoni (1964-1969) también
sobresale la continuación del combate de la lucha guerrillera, su apego
político a la Doctrina de Seguridad Nacional promovida por Estados Unidos, la
agudización de la política de secuestros, torturas y desapariciones forzadas
“cuya lista sería harto difícil citar aquí puesto que se trata de un evento”.
Las
presidencias de Rafael Caldera (1969-1974), Carlos Andrés Pérez (1974-1979),
Luis Herrera Campins (1979-1984) y Jaime Lusinchi (1984-1989) son despachadas
con un prejuicio común: la idea de que encabezaron gobiernos entreguistas que
profundizaron la dependencia de Venezuela en todos los órdenes y los manejos
corruptos que derivaron en una impagable deuda externa y una crónica crisis
económica. De las segundas presidencias de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y
Rafael Caldera (1994-1999) destaca su presunta subordinación a las ideas
expresadas en el Consenso de Washington y la lectura del Caracazo de 1989 como
el antecedente de los golpes de estado de febrero y noviembre de 1992,
consagrados como rebeliones e insurrecciones que respondieron “a la apertura
económica, al desmantelamiento del Estado, al modelo privatizador y a la
corrupción como sistema”.
En
realidad el texto de Historia de Venezuela Contemporánea es un memorial de los
errores que cometieron y la deliberada omisión de los logros. Toda la obra de
esos gobiernos, como, por ejemplo, la nacionalización de la industria petrolera
y la creación de la estatal Petróleos de Venezuela en 1976, es analizada con
una perspectiva crítica que parece ser el aperitivo que prepara la entrada al
proscenio de Hugo Chávez, a cuyos tres primeros años en la presidencia
(1999-2002) se dedican 60 páginas con un tono entre hagiográfico y panegírico.
En
una entrevista concedida al diario oficialista Correo del Orinoco el pasado mes
de octubre, la profesora América Bracho, coordinadora de los textos de ciencias
sociales de la Colección Bicentenario, aseguró en una entrevista que no había
nada que temer en los 35 millones de textos que distribuye gratuitamente el
Gobierno. “Con los libros se busca la libertad de pensamiento”, asegura. Y más
adelante afirma: “Aquí no impone nadie. Los puede usar cualquier niña, niño o
adolescente, sea cual sea la posición política de su familia. Acá se dice lo
que otros libros omiten: las verdades que no les convienen”.



Publicar un comentario